jueves, 6 de abril de 2023

HAS RECORRIDO UN LARGO CAMINO, MUCHACHA. ÉLIDA PASSO: UNA LUCHA PRETERIDA

Fue la primera egresada universitaria argentina: Farmacéutica por la Universidad de Buenos Aires, el 18 de julio en 1885, y en ese año además, fue la primera mujer en ser admitida como alumna de la carrera de Medicina, una carrera ´superior´. Pero no se la hicieron nada fácil, de hecho debió emprender un proceso judicial para ser admitida. Su precedente fue invocado por Cecilia Grierson, la primera médica argentina, y más tarde por Julieta Lanteri, a quienes también se les había denegado el acceso a Medicina. La historia, sin embargo, no ha hecho debida justicia con Élida. En esta nota se trazará una semblanza de Passo desde un abordaje de Historia de mujeres, con perspectiva de género.


 



Revista Farmacéutica. Junio 15 de 1882,      Año XV, T. XX, Nro. XI, pp. 268-9

(se reproduce la ortografía original)

Es un hecho: el bello sexo inteligente que desde algunos años á esta parte ha arrojado una mirada atrevida en el Campo de la Medicina, trata de ensanchar sus horizontes, dedicando á la Farmacia, ¿y por qué no?

Se nos refiere que la aula de farmácia de nuestra Facultad de Ciencias Médicas, actualmente regenteada por el Dr. Candelón, está favorecida por la asistencia asidua de una inteligencia joven que, acompañada constantemente por su anciano padre, no pierde conferencia alguna. Es indudable que su objeto es la farmacia, á no ser que siga medicina, amaestrándose al mismo tiempo en la difícil ciencia que tiene por objetivo el estudio de los medicamentos.

 Élida Passo nació en Buenos Aires en 1866, en una familia ligada a la profesión farmacéutica. En el primer Censo Nacional de la República Argentina, realizado en 1869, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, figuran los registros de Élida, de 3 años por entonces, y de su padre Juan Passo, de 38, como parte de la población urbana de la sección Carmen de Areco. Allí se consignó la profesión paterna: boticario. La doctora en Bioquímica e historiadora de la ciencia y la medicina, Rosa D ́alessio de Carnevale Bonino señaló que aunque no es posible afirmarlo con certeza, hay indicios fuertes que permiten suponer que el abuelo de Élida, Martiniano Passo, también fue boticario.

Durante 1882, Élida por entonces de 16 años, había estado asistiendo como alumna libre a las clases de Farmacia en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, así lo atestigua un artículo de la Revista Farmacéutica del 15 de junio de ese año, y que transcribimos arriba como epígrafe de esta nota. Allí puede leerse que una “inteligencia joven (…) acompañada constantemente por su anciano padre, no pierde conferencia alguna”. El autor de ese texto (que no ha podido ser individualizado) en la introducción de su nota, titulada “Mujeres Farmacéuticas”, se despacha con “Es un hecho”, es decir algo que pareciera indubitable o al menos imparable; “que el bello sexo inteligente” (bueno, esta expresión nos exime de todo comentario) “ha arrojado una mirada atrevida al Campo de la Medicina”, y finaliza con una expresión “¿y por qué no?”. Pronto sabremos por qué no.



“Férreas disposiciones patriarcales impedían el acceso de las mujeres en las casas de altos estudios. (Fue de) la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires de donde egresaron las primeras universitarias con título mayor en el país. Tal vez imitando a regañadientes, y con cierto retraso, a las universidades de París, Zurich, Londres y las de las principales ciudades rusas –que constituyeron en el área oriental una saga particular en materia de preparación de médicas–, en 1885, la Facultad (de la UBA) incorporó a Élida Passo”, señala Dora Barrancos, licenciada en Sociología, magíster en Educación y doctora en Historia, una de las pioneras en Iberoamérica en dedicase a los estudios de género.

De hecho, Élida debió hacer sus primeras incursiones universitarias, como ya se ha visto, acompañada permanentemente por su “anciano padre” (que por entonces tenía 51 años), gran ventaja esta última porque demuestra el apoyo que su progenitor daba a los anhelos profesionales de su hija, nada usual por aquella época, más bien lo contrario. Pero este ir acompañada por un chaperón representa un aspecto negativo, ya que no era común ni propio, ni ´bien visto´ que las mujeres se atrevieran a andar solas por ahí… en aulas universitarias.

Considérese que las mujeres de la época eran colocadas, a través del corpus normativo, en un lugar social de minoridad permanente. El Código Civil de la República Argentina redactado por Dalmacio Vélez Sarsfield, promulgado el 29 de septiembre de 1869 y que entró en vigencia el 1 de enero de 1871, determinó con mayor contundencia la inferioridad de la mujer casada puesto que esta requería la anuencia del marido para poder actuar. Este hecho coronó la desigualdad jurídica entre los cónyuges; el matrimonio determinaba la pérdida de libertad civil de la mujer, una incapacidad de hecho cuasiabsoluta, colocándola bajo el régimen de representación necesaria de su marido.


Si bien es cierto que, dentro del régimen del Código, la mujer soltera, o viuda, gozaba de absoluta capacidad de hecho con algunas incapacidades de derecho: así, no podía ser tutora de sus hermanos (art. 390); tampoco podía ser testigo en los instrumentos públicos, (art. 990) ni en los testamentos, (art. 3705); pero, en la práctica el omnímodo poder paterno seguía ejerciéndose como lo habían permitido las viejas normas heredadas del colonialismo español.


 EL LEGAJO DE ÉLIDA, UNA BITÁCORA DE SU DENUEDO

Que Passo venía pergeñando su ingreso a Medicina era un hecho, como advirtió con suspicacia el autor de aquella nota en la Revista Farmacéutica, al decir: “Es indudable que su objeto es la farmacia, á no ser que siga medicina, amaestrándose al mismo tiempo en la difícil ciencia que tiene por objetivo el estudio de los medicamentos.”. Al analizar su legajo, hallamos el certificado de estudios expedido por la Facultad de Humanidades y Filosofía de la UBA, donde el decano certifica que: “Don Élida Passo (sic) ha dado ante la mencionada Facultad las pruebas de competencia exijidas (sic) por las ordenanzas universitarias, en las siguientes asignaturas de los estudios preparatorios” (y a continuación las enlista), firmado el 1 de marzo de 1881.

En 1882, en un certificado de estudios firmado el 15 de abril por el Rector y Director de Estudios del Colegio Nacional de Buenos Aires, José Manuel Estrada, se deja constancia de que D.ª Élida Passo ha rendido en calidad de libre asignaturas correspondientes al tercero, cuarto, quinto y sexto año, y aparecen listadas las asignaturas con sus correspondientes calificaciones. Por lo menos en esta oportunidad se le aplicó el género femenino. Este paso en su formación le permitiría inscribirse en una carrera universitaria superior, Medicina; si la dejaban hacerlo, por supuesto.

También en un certificado con firma del Secretario de la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas dos semanas antes, el 3 de abril, se da cuenta de que la Señorita D.ª. Élida Passo (en esta Facultad también se respetó el género gramatical) rindió los exámenes correspondientes a Botánica, en el que obtuvo Regular, y de Química Inorgánica, con Bueno. Se recuerda que estas asignaturas correspondían a la carrera de Farmacia, pero se cursaban en la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas.

Era tiempo del batacazo final: en cierto día y mes de 1883, que no hemos podido determinar, Élida decidió solicitar su ingreso a la Carrera de Medicina de la UBA, como podemos ver en la carátula que reza: Señor Passo Élida. Solicita: Ingreso. La posibilidad de que Señoras o Señoritas se atreviesen a tal cosa… no estaba ni en los más lejanos pensamientos de la época.


La “mirada atrevida” a la que aludía el autor de la nota que usamos como epígrafe no se quedaría meramente en un estar contemplativo. Su voluntad de relegar los roles que tradicionalmente eran asignados a las mujeres y transitar aulas en las que solo existía presencia masculina, resultó demasiado para las autoridades de la Facultad que —según señala Dora Barrancos— intentaron obstruir su matriculación en la carrera de Medicina, alegando las adversidades que significaban el tener que compartir el aprendizaje con varones. Pero, la insistencia y determinación de Élida, con presentaciones judiciales incluidas, logró vencer las férreas oposiciones de las autoridades, quienes finalmente  debieron admitirla como alumna de Medicina.

Mientras, continuaba formalizando sus estudios de Farmacia, como queda patentizado en una nota que Élida eleva al Decano de la Facultad de Ciencias Médicas el 28 de febrero de 1884, en el que expresa: “Habiendo rendido exámenes de 1º. y 2. años de Farmacia (…) y debiendo rendir examen general”, solicita que se fije día y hora. El 15 de julio de 1885, finalmente, rindió el examen general y se convirtió en la primera mujer farmacéutica universitaria de la Argentina. El 18 de julio le fue expedido el título, como consta en el recibo firmado por Élida ese día: “Recibí de la Secretaría de la Facultad de Ciencias Médicas un diploma de Farmacéutico”.

En paralelo había estado cursando asignaturas de Medicina y ejerciendo en el Hospital General de Mujeres Rivadavia, primero como practicante menor interna y luego como practicante mayor. Sin embargo, su carrera comenzó a aletargarse debido a los constantes problemas de salud y prolongadas internaciones que van quedando registradas en las notas que dirigía los decanos de turno para solicitar excepciones en los exámenes y autorizaciones para rendir fuera de término, a los que acompañaba de los respectivos certificados médicos.

Su precedente fue invocado por Cecilia Grierson cuando también le fue rechazada su solicitud de ingreso a la carrera de Medicina en la UBA. Más tarde otra farmacéutica, Julieta Lanteri, debió invocar nuevamente el precedente de Passo para ser admitida en Medicina. Grierson logró graduarse el 2 de julio de 1889 y se convirtió en la primera médica argentina. Lanteri se graduó el 11 de abril de 1907.

Lamentablemente, Élida cursó hasta el quinto año de la carrera y no llegó a recibirse de médica debido a que sufría una enfermedad grave (muy probablemente tuberculosis), que la llevó a la muerte el 7 de mayo de 1893, a los 27 años.

 Amalia Beatriz Dellamea. Centro de Divulgación Científica y Equipo de Gestión Editorial de FFyB En Foco, Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires.

       

FUENTE: FACULTAD DE FARMACIA Y BIOQUIMICA DE LA UBA

Dolores: la hija del general Juan Galo Lavalle

La más pequeña de la familia se destacó por sus acciones sociales, en la Sociedad de Beneficencia y fundadora de una escuela profesional.




En 1816 el joven granadero Juan Galo Lavalle llegó a Mendoza para incorporarse al Ejército Libertador. Conoció entonces a Dolores Correas, una dulce joven perteneciente a nuestra oligarquía. Se enamoraron de inmediato, pero se casarían recién ocho años más tarde. Para Juan Galo, era momento de entregarse a la patria.

Las cumbres le abrieron paso para destacar en Chacabuco y ser ascendido a capitán.Luego vendrían Maipú, entre otras batallas, y numerosas condecoraciones. Ya experimentado formó parte de las operaciones en el Perú. Tras el alejamiento de San Martín, Lavalle fue uno de los jefes argentinos que siguió luchando por la causa americana. En Riobamba cargó contra los realistas y los venció por completo, obteniendo el reconocimiento de la posteridad.

Lamentablemente su relación con Simón Bolívar careció de entendimiento y, harto de éste, pidió alejarse en 1824. Regresó entonces a Mendoza convertido en coronel. Aquí, aún lo esperaba Dolores. Se casaron y juntos partieron hacia una nueva vida en Buenos Aires.

La vida de esta mendocina no fue fácil. Lavalle prefirió siempre a su patria, alejándose durante años y sucumbiendo a los encantos de otras damas, en las jornadas de campamento. Juntos tuvieron cuatro hijos: Hortensia, Augusto, Juan y Dolores.

Descriptos por Mariquita Sánchez como cuatro bellos ángeles.

El día en que el General se alejó para siempre, la pequeña Dolores lo abrazó rogando que no lo hiciera; él la calmó prometiendo traerle un caballo. Aquella promesa jamás fue cumplida.


Los Lavalle Correas regresaron al país luego de la caída de Rosas, en 1852. Dolores, nacida el 27 de mayo de 1831, contrajo matrimonio a los 36 años con su primo Joaquín Lavalle. No tuvo descendencia y aseguró su trascendencia trabajando en

numerosos proyectos que mejoraron la vida de miles.

Hacia 1871 se convirtió en miembro de la Sociedad de Beneficencia, cuatro años más tarde era nombrada Inspectora del Asilo de Huérfanos. Su relevancia social se plasmó

en 1876, cuando fue parte de la comisión que inauguró el ferrocarril a Tucumán. La misma estaba encabezada por el entonces presidente Nicolás Avellaneda y Domingo Faustino Sarmiento quién al realizar un discurso tuvo unas palabras hacia ella:

Señoras matronas de Tucumán! ¡Os prevengo que entre vosotros se encuentra el único vástago del ilustre mártir, el héroe de las leyendas de la Independencia: doña Dolores Lavalle, presidenta de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires.

Creía que todas las mujeres debían prepararse y procuró facilitar este camino a las de menos recursos, siendo ella una mujer de la alta sociedad. Entre sus aportes a la causa femenina se encuentra la fundación de una escuela profesional de mujeres.

Donde implantó un programa pedagógico que se utilizaba en colegios similares de Suiza y Alemania. Las damas aprendían allí oficios, como el de joyería. Esta institución aún existe, siendo hoy una escuela técnica mixta. Desde 1908 lleva su nombre.

Dolores trabajó en muchas oportunidades codo a codo con Cecilia Grierson -primer médica argentina-, juntas fueron parte del subcomité femenino de la Cruz Roja nacional y del Consejo Nacional de Mujeres, una institución que trabajaba por laeducación y los derechos femeninos. Su lema era "Todo por amor, nada por la fuerza.

Simultáneamente, Misia Lavalle -como se la llamaba-, tomó bajo su protección el consultorio oftalmológico "Hijas de María", base del futuro Hospital Santa Lucía.

Fundó también el Asilo del Buen Pastor y ayudó con la Fundación del Hospital de Niños Gutiérrez y la Casa Cuna.

En 1913, Buenos Aires la homenajeó con una gala en el teatro Colón y se dió el gusto de escribir en "Caras y Caretas", ostentando una prosa envidiable. Doce años más tarde la misma revista lamentó su muerte con palabras embebidas en épica: "Reliquia venerada de los pasados tiempos, la señora Lavalle de Lavalle fue, al mismo tiempo,núcleo brillantísimo de una vida social que encontraba en el culto de las glorias de los antepasados estímulo invencible para no desconfiar del porvenir"


Fuente: Luciana Sabina - Especial para Los Andes

La maestra de doña Elmina Paz de Gallo. Doña Trinidad Castro de del Corro.

La primera biógrafa de la fundadora Elmina Paz, la hermana Tomasa Alberti, se refería a la educación recibida por esta mujer de la elite a mediados del siglo XIX y afirmaba que: “sus padres que se preocuparon siempre por la formación moral e intelectual de sus hijos, pusieron a esta niña privilegiada, una maestra, la Srta Ercilia del Corro, la que conjuntamente con su dignísima madre, doña Trinidad Castro de del Corro dirigíanla, inculcando y vigorizando en esta tierna planta, los más sólidos conocimientos de nuestra santa religión; a lo que ella correspondía con decisión, fortaleciendo su alma con esta savia divina” Esta referencia a la maestra del Corro y la tarea materna en la formación “moral e intelectual” nos remite a la situación de la educación en la provincia de Tucumán amediados del siglo XIX.



En "Del tiempo viejo, el doctor Luis F. Aráoz (1844-1925) recuerda que la escuela de primeras letras "más famosa" de Tucumán en la década de 1850, era la de doña Trinidad Castro de Del Corro. Era mixta, y allí Aráoz conoció "a casi todas las matronas, abuelas hoy, que figuran en nuestra sociedad. Se pagaba cuatro reales por mes por alumno y no había otra penitencia que la de retener al que no sabía lalección hasta que la aprendiese. La directora (esposa de don José Toribio del Corro, que fue diputado y secretario de la Sala de Representantes) enseñaba personalmente, y la secundaban sus hijas Gertrudis, Ercilia y Fidelia. Su hijo, Zenón del Corro, también trabajaba en la escuela.

El plan de estudios consistía en "conocer el abecedario, leer el Catón de la Doctrina y después en manuscritos (se prefería cartas de familia); El establecimiento funcionaba en la calle 25 de Mayo al 200, vereda del naciente, en la casa de la familia Mariño". Hacia el norte y hasta la esquina Córdoba solamenteexistían en esa época sitios baldíos.

Apunta el doctor Aráoz que mucho le debe Tucumán a esta noble y benefactora señora, que falleció por los años 1874-1876, más o menos" (en realidad, su muerte ocurrió repentinamente el 26 de febrero de 1877, a los 80 años). Expresa que "la

Municipalidad, por todo homenaje, concedió gratis el terreno en el Cementerio para su sepultura; pero nosotros creemos que podría recordársela inscribiendo su nombre en algunas escuelas de la ciudad, así como se hace con algunas personalidades que no han prestado servicios a la instrucción pública. Ella, que contribuyó tan modesta como eficazmente a la enseñanza y moralidad de los principales niños de ambos sexos en aquella época de ignorancia, bien merece el recuerdo de su nombre en una de las escuelas


Fuente: Paez de la Torre (h)

OLGA Y LETICIA COSSETTINI: LA REVOLUCIÓN SERENA EN LA EDUCACIÓN

 Olga y Leticia Cossettini nacieron en San Jorge, provincia de Santa Fe, Argentina, a fines del siglo XIX. Fueron maestras y pedagogas argentinas que dedicaron su vida a transformar la escuela tradicional,​ la cual recurría al castigo como recurso pedagógico y era ajena a la realidad social. El proyecto se llamó Escuela Serena y se implementó en un barrio Alberdi, de Rosario.




Ambas fueron maestras a principios de 1900, Olga nació en 1904 y a partir del ‘20 ocupó un lugar relevante en la educación en la provincia de Santa Fe. Eran mujeres con una formación muy profunda en pedagogía y en filosofía, incluso aprendiendobastante por su cuenta. Estuvieron influenciadas por las corrientes de la época, la italiana particularmente y por las ideas de divulgación cultural infantil españolas.


¿Cuál era el enfoque pedagógico de las escuelas Cossettini?

Ellas eran parte del movimiento de la escuela activa, y su experiencia fue la más importante que tuvo nuestro país en la primera mitad del siglo XX. Esta postura significaba darle una centralidad al niño y a su subjetividad. La escuela debía pensarse como un espacio de expresión del alumno en todos los ámbitos posibles, ya fueran las ciencias, el arte o el desarrollo del lenguaje y la escritura.

En principio para las hermanas la institución educativa tenía que estar abierta a la comunidad, en contacto con la gente. Pensaban que todo lo que el niño aprende en la escuela es por un lado un saber que se comparte en el ámbito familiar, pero al mismo tiempo es la base de un compromiso democrático y solidario con su entorno.


¿Qué experiencia de las Cossettini destacaría?

Creo que la Escuela Serena es la imagen más cabal de su historia. En el año 1935 Olga asumió la dirección de la escuela “Dr. Gabriel Carrasco” en el barrio Alberdi, de Rosario. Junto a su hermana y un grupo de maestros dieron sentido a esta “Escuela Serena”, que perduró hasta el año 1950. La experiencia pedagógica estaba centrada en de respeto por los niños, basado en la solidaridad, en el acercamiento del alumno a la naturaleza y a su mundo circundante, con la convicción de que sólo se aprende lo que se vive. Era una escuela de puertas abiertas, que dio libertad a los chicos para trabajar y a los maestros para desarrollarse.


¿Por qué se llamó Serena?

Olga Cossettini pensaba que la escuela debía ser un ámbito sereno que favorezca los procesos de desarrollo propios de los niños y que los maestros debían ofrecer un ambiente propicio para que el niño encuentre su expresión personal y única. Por ello la escuela, de manera sencilla, disponía de laboratorios de ciencias, de talleres decarpintería, de huerta, animales y de una nutrida biblioteca.


¿Qué particularidades tenía esta “escuela de puertas abiertas”?

La institución salía a la calle con funciones de teatro, títeres y danzas y con exposiciones de trabajos de ciencia, que llamaron Misiones Infantiles de Divulgación Cultural. También tuvo una revista, “La voz de la escuela”. Los alumnos de la primaria se organizaron en un Centro Estudiantil Cooperativo, en el que los niños elegían a sus propios representantes en elecciones abiertas y las mujeres votaban cuando no existía aún el voto femenino. Pero además muchas personalidades de la época, ligadas a vanguardias artísticas y culturales se acercaron y compartieron jornadas de trabajocon los niños, como por ejemplo Javier Villafañe, Gabriela Mistral, Margarita Xirgú,Ernesto Sábato y Juan Ramón Jiménez

La Escuela Serena, Fragmento para un estudio pedagógico


Fuente : ALTAR MUJERES Y LGTBI+ SXXI #VIDASENLUCHA

Juana Manso, la gran pionera de la educación pública

Defendió́ la educación popular y la capacitación continua del docente. Creía que la enseñanza debía integrar lo físico, intelectual y moral. 



Juana Manso fue una de las grandes mujeres del siglo XIX. Pedagoga, docente, escritora, periodista, traductora, y pionera de la educación pública tuvo un rol protagónico en la constitución del sistema educativo argentino que se consolidó a partir de la Ley 1.420. Peleó por los derechos de las mujeres convirtiéndose en precursora del feminismo en la Argentina, Uruguay y Brasil Nació el 26 de junio de 1819 y desde pequeña tuvo una personalidad libre e inquieta. Aprendió a leer de manera autodidacta y en la escuela solía aburrirse.

Además, estudió música, canto, francés y piano. Con tan solo catorce años tradujo del francés “El egoísmo y la amistad o los defectos del orgullo” con el seudónimo de Una joven argentina, que su padre hace imprimir en Montevideo en 1834. También escribía poemas.

La familia se exilia en Montevideo por la persecución que sufrían de parte del gobierno de Rosas. Allí fundó una escuela para niñas en dos habitaciones de su casa donde se enseñaba lectura, aritmética, gramática, geografía, lecciones de moral, francés, piano, canto, labores y dibujo. Además, publicó poemas en diarios del país vecino.

Pero la familia de Juana se ve obligada a salir de Montevideo debido a que un aliado de Rosas logra sitiar la ciudad. Se instalan en Río de Janeiro, donde dicta clases particulares de español y francés. En 1842 funda en Río de Janeiro el Colegio Santa Clara, que funciona hasta 1843.

En 1844 la familia regresa a Montevideo, donde es nombrada directora de una escuela para niñas y además redacta un Manual para la educación de niñas.Mientras tanto continuaba su trabajo como escritora y traductora.

Dos años más tarde, viaja a los Estados Unidos junto a su marido Francisco Sá de Norohna, un compositor y violinista portugués. En aquel país Juana se sorprende con el lugar que las mujeres ocupan en la sociedad, mucho más libres y con acceso al mundo de trabajo. Pero la situación económica del matrimonio es complicada y deciden viajar a Cuba. Es por esa época que nacen sus dos hijas, Eulalia y Herminia.

Después de Cuba, regresan a Brasil, donde Juana sigue escribiendo y participa de la vida cultural a través de sus obras teatrales. En el año 1852 funda, juntocon otras colegas, un periódico semanal para mujeres donde también escribe sobre la emancipación de la mujer, la esclavitud, el racismo, etc.

La caída de Rosas y la separación de su esposo son circunstancias que la llevan a regresar a Buenos Aires. Acá funda el semanario Álbum de Señoritas. Periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros, donde el tono irónico y los temas que tratan provocan el rechazo y la polémica de la sociedad de la época. Almismo tiempo, su trabajo como docente no le alcanza para sostener a su familia, motivo por el cual decide regresar a Brasil. Allí seguirá trabajando como dramaturga y encontrará un nuevo canal de ingresos económicos a través de la actuación. Participa como actriz en varias obras y su labor es elogiada.


En 1859, de nuevo en Buenos Aires, conoce a Sarmiento que por ese entonces era Director General de Escuelas. La mutua comprensión y admiración aparecen rápidamente. Coincidían en sus ideas sobre la educación: educación común y fuera de la órbita de la Iglesia, la educación de la mujer, la promoción de la lectura, aulas, materiales y libros adecuados, la renovación de métodos y programas de estudio, formación docente, etc.


Sarmiento encontró una gran colaboradora en Juana, con quien trabajó en la función pública y en las publicaciones sobre educación, como la revista Anales de la educación común, de la cual fue directora hasta el año de su fallecimiento. Ella

le otorgaba especial importancia a la actividad libre del niño, en una época donde se los solía castigar. También sostenía que el maestro debía generar un ambiente sano y confortable para guiar y seguir el trabajo del alumno.

Más tarde, la nombran directora de la primera Escuela Mixta N°1, en la Parroquia de Monserrat. Durante seis años dirige esta institución, desarrollando planes y programas con materiales modernos: implementa recreos, educación física, música, baile, enseñanza de inglés y francés; elimina los castigos físicos, eincorpora la enseñanza moral no dogmática, a través del ejemplo y el amor. En1862 publica el Compendio de la Historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, primer manual de historia para las escuelas.

En estos años sigue expandiendo su actividad literaria y teatral a través de la publicación de artículos y obras. Además funda un nuevo periódico.

En 1871, Nicolás Avellaneda la nombra miembro de la Comisión Nacional de Escuelas, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. Desde allí

propone la creación de comisiones parroquiales para la atención de la infancia indigente, con alimentos, ropas y libros. Funda 34 establecimientos educativos donde lleva adelante su método de enseñanza y la realización de concursos para

los puestos directivos. Además, trabaja en la promoción de bibliotecas.

Hacia 1874 envía a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires un proyecto de Ley Orgánica de la Enseñanza Común, en la que solicita el profesionalismo de la docencia, sueldos adecuados, vacaciones y eliminación de exámenes, entre otras cosas.

En 1875, cansada y enferma, fallece en su casa de Belgrano. Juana Manuela Gorriti, acompañó sus restos y dijo en su discurso: “Juana Manso gloria de la educación. Sin ella, nosotras seríamos sumisas, analfabetas, postergadas,

desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer. Ella es, sin duda, una mujer”.

Manso y el feminismo

Se puede considerar a Juana Manso una feminista confesa. Quería integrar a la mujer en la educación desde su formación y fortalecer la individualidad femenina. Estas ideas repercutieron en la sociedad de entonces en forma radical acerca de la situación de la mujer en ambientes externos al entorno familiar.​ Usó como inspiración de sus ideas a George Sand y Concepción Arenal, la primera autora afirmó que «el genio no tiene sexo» y realizó su carrera profesional como si fuese un hombre y apoyó al matrimonio como camaradería, se tuvo que vestir como hombre y actuar como tal en la vida cotidiana a pesar de que no dejó de lado sus instintos femeninos, y la segunda coincidió con Manso que la mujer tenía que superar varios obstáculos que sobresalían del orden institucional. Se vistió como hombre para asistir a clases en su facultad logrando el calificativo de masculina como Manso. Además pensaba igual que Manso que un buen sistema educativo era el plan para salvar a la patria.

Quiero probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo o un defecto, un crimen o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica. La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos, sus códigos; por consiguiente, hareservado toda la supremacía para sí; el círculo que traza en derredor de la mujer es estrecho inultrapasable, lo que en ella clasifica de crimen, en él lo atribuye a la debilidad humana; de manera que, aislada la mujer en medio de su propia familia, de aquella de que Dios la hizo parte integrante, segregada de todas las cuestiones vitales de la humanidad por considerarse la fracción más débil, son con todo obligadas a ser ellas las fuertes y ellos en punto a tentaciones, son la fragilidad individualizada en el hombre.

Pioneras. Fragmento del episodio Mujeres Viajeras de Canal Encuentro.

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